Aquí permanezco inhibida, débil, frágil, exánime, apagada, destrozada, respirando el humo de una paz artificial y viendo caer lágrimas escarlatas.
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lunes, 2 de junio de 2014
Jaque Mate.
Las voces me empujaban como puños. Los susurros me incitaban. Mis piernas se movían. El cerebro no prensaba, total "no pasa nada por asomarse", decía. Conforme me acercaba mis oídos percibían gritos, llantos y gemidos cada vez más notables y angustiosos. Una sensación espantosa se apoderaba de mí, me recorría todo el cuerpo por las vías de la sangre. Todo negro. Tinieblas. Y justo cuando quise dar un paso atrás, en preciso instante, me resbalé por culpa de mis pies llenos de lágrimas. Caí. Mis ojos no alcanzaban a ver nada; me sentía perdida, abandonada, desorientada, olvidada. Y fue entonces cuando la luz de un mechero iluminó mi rostro y me dijo que venía acompañado del cigarrillo para escucharme y consolarme. En aquella coyuntura llegó la cuchilla brillante, afilada e imponente con un traje rojo y plata a hacerme firmar mi sentencia, pues allí la salida no era más que una leyenda.
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