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lunes, 16 de diciembre de 2013

Los últimos pasos del año.

Todos los años se repite la misma historia, cuando se acerca el 31 de diciembre automáticamente todos hacemos un análisis de ese año que está consumiendo sus últimos días.
- Primero: lamentamos las malas situaciones y daríamos cualquier cosa por volver atrás y rectificar aquellos errores que todavía duelen solo con recordarlos.
- Segundo: valoramos los buenos momentos y también daríamos cualquier cosa por volver atrás, pero esta vez no para rectificar, sino para revivir otra vez esos instantes que tan felices nos hicieron y nos siguen haciendo cuando los evocamos de nuevo.
- Tercero: hacemos un computo de las experiencias desagradables y las gratas.
- Cuarto y último paso: puede ser para dos direcciones opuestas; podemos decantarnos en decir que ha sido un mal año que no volveríamos a repetir y el pensamiento pesimista nos lleva a presuponer que el siguiente año será idéntico a éste o podemos inclinarnos por decir que a pesar de todo nos quedamos con los buenos recuerdos ya que son más y mejores que los malos y al final cuando seamos mayores las batallitas que le contaremos a nuestros nietos no serán las pasadas penas, sino las alegrías que tantas veces nos han hecho sonreír.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Viejos sabios.

“Disfrutar la esencia de cada momento es lo que siempre te mantendrá viva” es como si aun oyese sus palabras sumidas en mi mente. Y es que yo nunca supe que es lo que quería decirme con esto hasta que llegó el día en el que no me las volvió a repetir. Fue entonces cuando comprendí que lo que quería decirme es que hay que saber sacar una enseñanza de todo; de lo afable y lo infausto, porque aunque no veas el final del túnel y todo lo sigas viendo negro como la pupila de los ojos que lloran, tal vez es porque tienes que girar sobre tus pies y hacer lo contrario de lo que te había hecho llegar hasta allí sin salida aparente. Pensar que siempre habrá gente que lo está pasando mucho peor que tú y sabe cómo disfrutar cada día y como sacar una sonrisa del más mínimo detalle; del amanecer, el piar de los pájaros, la brisa que te mima, el sonido del caer de la lluvia o el simple y mero hecho de poder ponerse la mano derecha en el pecho y notar el palpitar del corazón bombeando sangre, bombeando vida a todas y cada una de sus más recónditas zonas del cuerpo. No hay necesidad de ser rico y tener montañas de joyas para ser feliz si solamente eres capaz de encontrar la felicidad en el reflejo de una moneda y no en el del espejo.