quedarme en una senda a medio andar,
sin llegar a completar
el viaje que en su día quise abordar.
Sin ganas de terminar
ni ilusión por seguir y avanzar
solo dejarme llevar,
tirarme al mar
y que me lleve a otro hogar
que sea más "ser" y menos "estar"
y del que no me quiera marchar
que me quede por iniciativa, no por necesidad.
Ser mi pensamiento quien me tiene que liberar
es una cárcel permanente que no puedo abandonar;
mi palacio de cristal
con sueños a los que me quiero aferrar
y pesadillas que no me quieren soltar.
El bien y el mal
en mi mente de cristal.
Duele tenerme que abandonar,
pero más duele tenerme que quedar
en la pecera en la que me voy a ahogar.
ansiada paz
mental, física, emocional y espiritual
dime dónde estás,
que, aun así me tenga que matar
y desechar de lo terrenal,
por ti dejo todo lo banal,
pues es solo contigo con quien quiero estar.


