Una vez me dieron un lápiz y me hicieron una sencilla
pregunta; “¿En qué te pareces a él?” Mi primera reacción fue pensar “¿Qué
pregunta es esta?” pero al ver que no se trataba de ninguna broma me paré, miré
al lápiz y mi cabeza entró en funcionamiento.
Lo primero en lo que me fijé fue en las características
morfológicas, no me costó mucho trabajo llegar a la conclusión de que el lápiz
ni piensa ni siente y de que había que llegar más al trasfondo, al interior.
Poco a poco fui sacando conclusiones más o menos acertadas, pero con un
parecido relativo. Me dieron 24h para responder, al cabo de una puesta y un
alba llegué a 7 conclusiones:
1. El lápiz posee dentro una mina con la que trazar
nuevos trayectorias.
Yo poseo un don para ponerlo al servicio de
los demás.
2. El lápiz da color o sombra al papel.
Puedo regalar sonrisas o llantos con los
que alegrar o entristecer la vida.
3. Sin un sacapuntas el lápiz no funciona; no
dibuja.
Si no busco mi don, no podré mejorar las
cosas.
4. La goma ayuda a trazar un dibujo nuevo, a darle
otro color al papel.
Nunca está de más enmendar mis errores e
intentar arreglarlos.
5. Un lápiz solo no puede dibujar un paisaje, un
sentimiento, una imagen; necesita de una gama para ello
Sin la ayuda de los demás mi vida no tiene
color, se teñiría de blancos y negros.
6. No todos los lápices son iguales. Todos y cada
uno de ellos aportan su color, su esencia.
En la vida todos somos importantes y la
aportación de nuestros dones irrepetibles constituye el mundo.
7. El lápiz no se mueve solo, necesita de una mano
que le guíe por donde ir o por donde retroceder.
Yo necesito a Dios para que me impulse y me
muestre el camino o la salida. Si no soy un muerto en vida, un lápiz olvidado.
Parece
mentira, quien me iba a decir a mí que un objeto tan sencillo como el lápiz, y
un humano tuvieran tantas semejanzas.

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