Cuando más comprensión necesitaba
fue cuando menos te notaba,
del todo a la nada,
de por ti ser cuidada
a por ti ser rechazada.
Un día conmigo te casabas
y al siguiente ya no te importaba.
No te hiciste responsable
de todo el desorden que creaste.
No te conmovió mi dolor,
no luchaste por los dos
y sentiste liberación
cuando te dije adiós.
Un adiós ahogado
entre gritos desesperados,
pidiendo que estuvieras a mi lado
cuando más te había necesitado.
Mi alma pedía tu cálido abrazo
pero tu corazón ya estaba helado
Así que no me duele tu partida
sino la mentira que destapó tu huida,
tu forma impasible de herirme
y tu forma cobarde de irte.
Algún día me perdonaré
por todo lo que soñé,
por todo lo que arriesgué,
por todo lo que demostré,
y por cuánto te amé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario