Guantes en mano, capirotes apuntando,
insignias caminando y velas iluminando
el rostro de cofrades ilusionados
por ver a su virgen y su Cristo crucificado.
Coplas, tambores y trompetas
coronadas por agudas cornetas,
pies descalzos y en los ojos vendas
cumpliendo su estación de penitencia.
Las ganas se escuchan
y el silencio se respira
roto por un guapo gitano
coreado de forma conmovida.
Salidas emocionantes
y encierros triunfantes
una atmósfera abrumante,
una experiencia apasionante.
El incienso por una semana
se convierte en el aroma oficial
los ciriales, por siete días,
son las únicas farolas de la ciudad.
Semana de mi corazón,
santa de mi devoción,
siete días de verdadera pasión.

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