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sábado, 26 de abril de 2014

Felicidad coaccionada.

Sentirme mal y sin motivo creo que es de las cosas más desesperantes; querer saber qué me pasa y que la única respuesta sea el silencio. 
Desordeno mi mente en busca y captura del cuausable de mi dolor pero no encuentro más que polvo e historias mal encuadernadas junto a fotos rotas y arrugadas en forma de recuerdos.
Momentos en los que pido ayuda pero inútilmente pues nadie es capaz de calmar este mar de dudas, miedos e incertidumbre que tantas veces me ahoga y luego me arroja a una orilla.
Quiero gritar y lo único que puedo emitir es un susurro de socorro tan leve que ni si quiera yo misma me escucho en este remolino de ideas que van y que vienen golpeando mientras pueden.


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