arreglé tu destrozo
con un ahínco forzoso
y un resultado hermoso.
Pues olvidé sonreír
con solo tu nombre decir,
ya me olvidé de mentir
cuando preguntan por mí.
Aprendí a valorar
cuánto fui capaz de arriesgar
por alguien que llegué a amar
y de igual forma olvidar.
La musa no se escoge,
pero sí darle enfoque,
sentir lo que me toque,
escribir lo que me trastoque.
No hay comentarios:
Publicar un comentario