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martes, 14 de marzo de 2017

Que todo fluya y...

El vaticinio estaba claro,
pero aún ansiaba ver el faro
de tus dedos entre mis manos,
aun sin notarte ya a mi lado.

Me dolió tanto como sanó
como última calada de amor
que a mi alma insegura consumió,
apagando todo su calor.

Pero ahora de ti me aprovecho, 
escribiendo el desastre ya hecho,
curando el corazón maltrecho,
sacándolo fuera del pecho.

Y solo así llegará el día
en el que acabe la agonía
y deje lo que perseguía
creyendo que era mi alegría.

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