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miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿Verdad o mentira?

¿Por qué el nombre de las cosas? ¿Por qué el árbol no es pluma? ¿Por qué pluma no es lana? ¿Por qué lana no es mina? ¿Por qué mina no es taza? ¿Por qué taza no es reloj? Y podría estar así hasta agotar el diccionario. 
Aceptamos ideas ya establecidas en sociedades anteriores sin plantearnos el por qué de dichas ideas. Cosas tan normales e interiorizadas pueden suponer duda y la duda solo nace de la curiosidad, de las ganas de saber más, de indagar. Porque sí, porque somos humanos, seres racionales, como quieras llamarlo, y esa es una de nuestras características; ser inconformistas. 
A lo que quiero llegar es que nunca te creas al cien por cien las cosas por muy normales que parezcan, son muchas las veces que la sociedad acepta ideas erróneas solo por no usar la razón. 
Adelante con tus ideales, que por no ser aceptados por la mayoría no son ni falsos ni ciertos, simplemente son tus ideales, y son con ellos con los que tienes que convivir por el resto de tus días. Así que busca más la propia aceptación que la aceptación de los demás.

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