Todos los años se repite la misma historia, cuando se acerca el 31 de diciembre automáticamente todos hacemos un análisis de ese año que está consumiendo sus últimos días.
- Primero: lamentamos las malas situaciones y daríamos cualquier cosa por volver atrás y rectificar aquellos errores que todavía duelen solo con recordarlos.
- Segundo: valoramos los buenos momentos y también daríamos cualquier cosa por volver atrás, pero esta vez no para rectificar, sino para revivir otra vez esos instantes que tan felices nos hicieron y nos siguen haciendo cuando los evocamos de nuevo.
- Tercero: hacemos un computo de las experiencias desagradables y las gratas.
- Cuarto y último paso: puede ser para dos direcciones opuestas; podemos decantarnos en decir que ha sido un mal año que no volveríamos a repetir y el pensamiento pesimista nos lleva a presuponer que el siguiente año será idéntico a éste o podemos inclinarnos por decir que a pesar de todo nos quedamos con los buenos recuerdos ya que son más y mejores que los malos y al final cuando seamos mayores las batallitas que le contaremos a nuestros nietos no serán las pasadas penas, sino las alegrías que tantas veces nos han hecho sonreír.

No hay comentarios:
Publicar un comentario